En los últimos seis meses, la industria alimentaria ha intensificado su apuesta por el desarrollo de productos sin gluten más variados y de mayor calidad. Las estanterías de los supermercados muestran una oferta cada vez más amplia, que va más allá del pan o la pasta tradicional, incorporando platos preparados, snacks, masas refrigeradas y opciones para el desayuno.
Uno de los principales avances se observa en la mejora de la textura y el sabor. Gracias a nuevas combinaciones de harinas alternativas como arroz, maíz, sorgo o legumbres, muchas marcas han logrado productos más similares a los convencionales, respondiendo a una demanda histórica del colectivo celíaco.
Además, el enfoque ya no se limita únicamente a personas con intolerancia al gluten. Cada vez más consumidores sin diagnóstico específico eligen estos productos por preferencia personal, lo que ha impulsado la expansión del mercado y la inversión en investigación y desarrollo.
Este crecimiento ha llevado a que pequeñas marcas artesanales convivan con grandes multinacionales, generando un ecosistema diverso que favorece la competencia y amplía las opciones disponibles para el consumidor final.


