Durante los últimos meses, el debate sobre el precio de los alimentos sin gluten ha vuelto a cobrar protagonismo. Diversos estudios y asociaciones de consumidores han señalado que estos productos continúan teniendo un coste notablemente superior frente a sus equivalentes con gluten. Pan, pasta, harinas o productos de bollería presentan diferencias que impactan directamente en el presupuesto mensual de quienes deben seguir esta dieta por motivos médicos.
La razón de este sobreprecio se asocia a varios factores. Por un lado, los procesos de producción requieren controles más estrictos para evitar la contaminación cruzada. A esto se suman materias primas específicas, certificaciones y una demanda que, aunque creciente, todavía es menor que la de productos convencionales.
Para muchas familias con personas celíacas, esta situación representa una carga económica constante. A pesar de que el diagnóstico de la enfermedad celíaca ha aumentado, el acceso a productos básicos sin gluten sigue siendo desigual, especialmente fuera de grandes ciudades o cadenas de supermercados.
En este contexto, distintas organizaciones reclaman medidas de apoyo, como ayudas directas o reducción del IVA, con el objetivo de facilitar una alimentación segura y equilibrada sin que ello suponga un esfuerzo económico excesivo.

